Es una operación reversible. Si ocurre cualquier inconveniente, se retira la lente y el ojo quedaría igual que antes. Esto es una ventaja con respecto a la operación con cirugía laser, puesto que esta no es reversible.
Como ya hemos adelantado, los límite para quitar graduación son bastante amplios (más de 20 dioptrías). En la cirugía láser esta limitación es mucho mayor. Sin embargo, para los que tienen pocas graduación, sigue utilizándose como primera opción la cirugía láser.
Con respecto a la cirugía láser, la superficie ocular queda bastante más intacta ya que con la láser la córnea queda bastante reducida y en caso de ser necesario perfeccionar la graduación, la implantación de la lente intraocular es perfectamente compatible con la cirugía láser.
Además las molestias tras la cirugía son mínimas o inexistentes. Además, la recuperación visual es más rápida porque no tenemos que esperar a que se vaya estabilizando la cicatrización de la córnea como en la operación láser, ni el uso de lágrimas por sequedad del ojo.