
Gracias a que se pueden deformar por su elasticidad, la lente se puede introducir plegada a través de una inyección para luego desplegarla dentro del ojo, por lo que la incisión que hay que hacer en el ojo para introducir la lente es muy pequeña.
Una de las partes claves de la operación es que la lente quede perfectamente colocada entre el iris y el cristalino. La lente tiene la forma de una lentilla normal, pero es más pequeña y además sobresalen unos bordes que harán que la lente no se pueda desplazar (en las de cámara anterior eran una especie de patitas), aún así, se recomienda no frotarse nunca los ojos de forma intensa para evitar riesgos de desplazamientos. Para introducir la lente, hay que dilatar la pupila del paciente previamente con un colirio. Cuando la pupila recupera su tamaño normal, la lente quedara encajada, sin embargo, es fácil que la pupila quede ligeramente dilatada, razón por la que muchos pacientes tras la operación ven aros de luz por la noche, alrededor de focos de luz como el de las farolas, sin embargo este efecto es menor que con la operación con cirugía laser, donde también ocurre.
Finalizada la operación la lente es invisible y pasa totalmente desapercibida. La corrección de la vista suele ser muy satisfactoria.